A más de 4,000 metros de altura, en el altiplano boliviano, la vida suele organizarse en torno al clima, los animales y el territorio. Aquí, el pastoralismo no siempre se nombra como tal, pero se practica todos los días —en la vida cotidiana, en el cuidado de los animales y en la relación con el territorio.
En América Latina, el pastoralismo adopta formas propias: se entrelaza con identidades campesinas e indígenas y se sostiene en prácticas cotidianas profundamente ligadas al territorio.
El pastoralismo no siempre se nombra como tal, pero se practica todos los días.
Desde la comunidad de Chuniavi, en el departamento de La Paz, Bolivia, Rodolfo Flores —joven pastoralista e integrante de Redes Chaco— comparte cómo se vive hoy esta relación con la tierra, los animales y el territorio.
Donde la vida se entremezcla con el territorio
Rodolfo lo explica así:
“Sentir ese amor por el campo y por nuestros animales, porque vivimos con ellos, los cuidamos y también son nuestra fuente económica”.
Para él, no hay separación entre trabajo y vida. La tierra hace posible los pastizales, los bofedales y el alimento para los animales.
“El territorio es nuestra identidad”, dice.
“Es la que tenemos cada uno dependiendo de la región en la que vivimos”.
Una práctica diaria, marcada por el territorio
En su día a día, la jornada comienza temprano, revisando el corral y asegurando que los animales estén en buen estado. Luego, el ganado sale al campo y permanece allí durante el día.
Al mediodía hay una pausa para cocinar. Por la tarde, el retorno al corral marca el cierre de la jornada.
Es un trabajo constante, que depende del clima, del estado de los pastizales y del cuidado permanente de los animales.
Rodolfo junto a las llamas que cuida en el altiplano boliviano, donde el territorio y la vida se sostienen en el día a día.
Cuando el clima ya no es como antes
En el altiplano, el cambio climático no es una idea abstracta: se siente en el día a día.
“Es un poco anormal que ya en febrero empiecen las heladas”, explica Rodolfo. Antes, estas llegaban meses después. Hoy, las lluvias se adelantan o se retrasan, y esto afecta directamente a los pastizales y bofedales.
“Estamos batallando contra eso, buscando estrategias”, dice. En su comunidad, esto implica adaptarse constantemente y tomar medidas para proteger los cultivos y el forraje frente a las heladas y cambios bruscos de temperatura.
El pastoralismo sostiene territorios, medios de vida y formas de responder al cambio climático.
Seguir, pero con reconocimiento
El cambio climático no es el único desafío.
“Nos gustaría recibir más apoyo y que se valore lo que hacemos”, señala. Para Rodolfo, el reconocimiento del trabajo pastoral sigue siendo limitado, tanto a nivel social como institucional. En muchos casos, esto implica también la invisibilización de los saberes y prácticas propias del pastoralismo, a pesar de su importancia para los medios de vida en los territorios.
A esto se suma la necesidad de contar con mejores condiciones para continuar: acceso a apoyo técnico, orientación para responder al cambio climático y herramientas para mejorar el manejo del ganado y su productividad.
“Necesitamos que se nos dé el valor que merecemos como pastores”, afirma.
Este testimonio se enmarca en la campaña La Movilidad Importa, impulsada por la International Land Coalition, que busca visibilizar el rol de las comunidades pastoralistas y promover el reconocimiento de sus territorios y formas de vida, en el contexto del Año Internacional de los Pastizales y el Pastoralismo 2026.