La Reserva Comunal Bajo Putumayo protege más de 234 mil hectáreas de bosque amazónico en Loreto, Perú. Impulsada por organizaciones indígenas y gestionada de forma conjunta con el Estado, esta experiencia muestra cómo la conservación con derechos se construye desde el territorio.
En la cuenca del Putumayo, la conservación no es una idea abstracta, sino un proceso que toma forma a partir de decisiones colectivas, organización indígena y gobernanza territorial. La creación de la Reserva Comunal Bajo Putumayo forma parte de una visión más amplia orientada a asegurar el territorio frente a presiones externas y fortalecer el manejo sostenible de los recursos.
Desde el Instituto del Bien Común (IBC), Freddy Ferreyra comparte algunos de los aprendizajes que deja este proceso.
Un territorio conectado más allá de las fronteras
El Putumayo es un territorio estratégico a escala amazónica. Sus ecosistemas funcionan como un corredor biológico y cultural que conecta los ríos Putumayo y Napo, en una cuenca compartida entre Perú, Colombia, Ecuador y Brasil.
En este paisaje, la biodiversidad y la vida de las comunidades están profundamente entrelazadas, y la conservación se plantea como una estrategia territorial de largo plazo.
Su riqueza biológica es notable: alberga el 65% de las especies de peces de agua dulce del Perú y más del 30% de los mamíferos registrados en el país, además de más de 4,500 especies de flora y fauna identificadas.
Una reserva impulsada desde el territorio
El proceso de creación de la Reserva Comunal Bajo Putumayo se construyó a partir de la iniciativa de las propias organizaciones indígenas. Federaciones indígenas locales —como FECONAFROPU, FECONA y FEPIROA— impulsaron esta propuesta como una estrategia para asegurar sus territorios y responder a amenazas externas.
Esta visión permitió configurar un mosaico de conservación que articula distintas categorías de uso del territorio, en diálogo con áreas como el Parque Nacional Yaguas.
Se trata de un área natural protegida bajo un modelo de cogestión, donde el Estado y las comunidades indígenas comparten la gestión del territorio y el uso sostenible de sus recursos.
En este territorio habitan 13 comunidades pertenecientes a seis Pueblos Indígenas —bora, murui-muinanɨ, kichwa, ocaina, ticuna y yagua.
Consulta previa: participación y acuerdos
Un elemento central en la creación de la reserva fue el proceso de consulta previa, desarrollado de manera participativa e informada con las comunidades del ámbito.
Cada comunidad estuvo representada a través de sus autoridades y representantes elegidos en asamblea, lo que permitió un diálogo directo sobre la propuesta y sus implicancias.
El proceso concluyó con 29 acuerdos y 4 compromisos, que abordan tanto la gestión del territorio como necesidades más amplias vinculadas a servicios básicos y fortalecimiento organizativo.
Cogestión: gobernanza compartida en la práctica
La Reserva Comunal Bajo Putumayo se gestiona bajo un modelo de cogestión entre el Estado y las comunidades indígenas.
A través del Ejecutor de Contrato de Administración (ECA), las comunidades participan directamente en la toma de decisiones sobre la gestión del área, incluyendo la planificación, la protección del territorio y la definición de estrategias de uso sostenible de los recursos.
Este modelo involucra a las comunidades del territorio, que participan en la gestión y se benefician directamente de la reserva.
Además, fortalece la gobernanza territorial y se articula con el trabajo de las federaciones indígenas en la cuenca.
Defender el territorio desde la práctica
Más allá de su creación formal, la reserva se sostiene en un conjunto de iniciativas impulsadas por las comunidades.
Comités de vigilancia pesquera, forestal y de fauna silvestre —reconocidos por las autoridades— trabajan activamente en el monitoreo del territorio. A esto se suman iniciativas de manejo sostenible de recursos y recuperación de especies como los quelonios, tortugas amazónicas cuya recuperación forma parte de estrategias impulsadas por las propias comunidades.
Estas acciones contribuyen a fortalecer el control territorial y sostener el uso responsable de los recursos en el tiempo.
Las comunidades han venido desarrollando capacidades para gestionar y proteger su territorio, y eso se fortalece con la creación de la reserva” señala Ferreyra.
Aprendizajes que trascienden el territorio
La experiencia del Putumayo ofrece aprendizajes relevantes para procesos de conservación basados en derechos, tanto en la Amazonía como en otros territorios.
El rol de las organizaciones indígenas ha sido clave para sostener el proceso, articular el diálogo con el Estado y asegurar que la conservación responda a las prioridades de las comunidades.
Asimismo, espacios de intercambio entre comunidades han permitido fortalecer capacidades y conocer otros modelos de cogestión, ampliando las posibilidades de replicar este tipo de experiencias.
Datos clave de la Reserva Comunal Bajo Putumayo
- +234,000 hectáreas de bosque amazónico protegidas
- 13 comunidades indígenas beneficiarias
- Modelo de cogestión entre Estado y comunidades indígenas
- Corredor biocultural amazónico (Perú, Colombia, Ecuador y Brasil)
Esta experiencia cuenta con el apoyo de Rainforest Trust para fortalecer la conservación basada en derechos en la Amazonía.